Bueno, parece que me apetece de nuevo escribir algo, pero no os asustéis que enseguida se me pasan. Dos artículos al mes es una exageración para mí.
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¿Otro rollo patatero de los tuyos? Fuente: Miau, digo propia. |
Hace tiempo llevo dándole vueltas al tema de cómo han ido evolucionando los proyectiles que nos lanzamos los humanos en los conflictos a lo largo de la historia y parte de la prehistoria. Dado que no me voy a poner a relatar desde los cantos rodaos a los misiles ICBM, me voy a centrar en las armas ligeras, las que suelen llevar la gente por si solo, así que nos olvidamos de trabuquetes, morteros, cañones, ballistas, catapultas y otra serie de ingenios ideados con la sana costumbre de apiolar al personal.
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Enrique V sentando el precedente de como tratar a la nobleza ghabacha que luego copió Robespierre. |
Pues a lo que iba, que me enrollo como una persiana, al parecer ya desde el s.XIII ya se venían utilizando, con casi igual riesgo para el enemigo como el amigo diversas armas de fuego cuya calidad de construcción hacía que para dispararla habría que ser muy optimista. Pero muy, muy optimista o tener a alguien que le pegara fuego al arma mientras estabas a la distancia adecuada, claro. Estos chismes eran enormes lo que hacía que solo se pudieran utilizar en labores de asedio, pero poco a poco la cosa fue evolucionan, mejorando, reduciéndose de tamaño hasta que llegó el momento en que lo podía llevar un soldado sólo (bueno, apenas se ha notado la introducción, ahora vamos a lo que vamos)
Obviando engendros como los cañones de mano que eran básicamente un palo a la que estaba sujeto el arma y que se disparaba arrimando una mecha a mano al oído (por donde se hace llegar el fuego a la carga de proyección) ya a partir del s.XV se empiezan a multiplicar estas armas y cuando llegan a ser un número suficiente. El Gran Capitán ya hizo buen uso de estas armas y en las afueras de Milán demostraron su eficacia al enviar al otro barrio a algunos miles de suizos, a cambio de la vida de un soldado imperial (de los de Palpatine no, de los de Carlos V)
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Soldados imperiales esperando a los suizos en Bicoca. |
Aparte de la caballería que aunque molaba mucho tenía muchas limitaciones y de la artillería que era cara, poco ágil, complicada de suministrar (Carlos V lo intentó, pero no consiguió unificar calibres) la reina de la batalla era la infantería. Ya las corazas iban desapareciendo poco a poco, quedaban poco más que cascos y petos y los infantes iban armados principalmente con picas, en una versión moderna de la falange aunque con menos limitaciones. Un cuadro de piqueros plantados a pie firme y sus armas erizadas en varias filas de profundidad podía acojonar a cualquier escuadrón de caballería que prefería acercarse, disparar sus armas y volverse por donde había venido. A esta maniobra se la conoce como caracola que podía acojonar bastante, pero ante tropas entrenadas tenía poca eficacia. Ver avanzar hacia tus posiciones un muro de picas también imponía bastante y las tropas contrarias solían salir en desbandada ante semejante espectáculo para regocijo de la caballería que se ponía las botas ante el enemigo disperso y en huída aunque a veces el otro cuadro de picas aguantaban y llegaban al choque de picas que no debía de ser el espéctaculo más agradeable del mundo salvo que sean amarte del cine gore o de la imaginería de Semana Santa.
Pues ya el Gran Capitán vio que si a esos cuadros de piqueros le añadías algo así como una tercera parte de soldados armados de armas de fuego y/o ballestas al capacidad defensiva y ofensiva del mismo aumentaba exponencialmente. En concreto, formaba un cuadro central de picas y en sus cuatro esquinas,. grupos de arcabuceros y mosqueteros. Mientras el enemigo estuviera a distancia de tiro estos grupos se encargaban de hostigarlos, en caso de la cosa se pusiera fea, los arcabuceros se metían dentro del cuadro de picas desde donde podían seguir disparando o combatiendo con armas blancas.
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Tercio en batalla. Los piqueros en el centro y los arcabuceros rodeándolo, junto con las cuatro mangas (los de las esquinas). Fuente: Schlacht Noerdlingen. Mattaeus Merian |
Lo que quería contar inicialmente (tras este breve preámbulo) era que por esta época había dos clases de armas de fuego para infantería: en mosquete pesado y el arcabuz que aunque también pesaba un huevo, se le consideraba ligero (en comparación con el otro) El mosquete era un arma muy grande y pesada (los mosqueteros de Alejandro Dumas deben su nombre a éste arma y no a la espada ropera con que alegremente se dedicaban a apiolar a la flor y nata de la sociedad gabacha) y que llegaba disparar pelotas de plomo de hasta dos onzas. Dado que la onza es la decimosexta parte de la libra y esta son 460 gramos, estos chismes te lanzaban cachos de plomo de unos 56 gramos cosa que debía de hacer pupa cosa mala. También había versiones de onza y tres cuartos, onza y media y una onza. Un chisme tan gordo precisaba de una horquilla para apoyarlo a la hora de disparar y podía precisa hasta de un par de minutos para cargarlo de nuevo. Se solían llevar 12 cargas preparadas. La eficacia tras los primeros disparos debía ser escasa por la humareda que se levantaba (pólvora negra) y la probabilidad de atascarse al cabo de pocos disparos bastante alta.
El arcabuz era una versión reducida de éstos chisme, con menor peso y pegada (una onza de plomo o menos) y no precisaba de horquilla. A Cervantes le metieron tres de estos en Lepanto y sobrevivió, así que debería ser menos eficaz, o el más fuerte, o tener mucha suerte o todo junto. La cadencia de fuego era superior a la del mosquete. En vez de un tiro cada dos minutos sería uno por minuto aunque claro, con una formación cerrada de mosqueteros y arcabuceros que iba rotando cada fila tras disparar mientras cargaba y que igual te soltaba una descarga de 16 armas cada pocos segundos mientras avanzaba debía impresionar por no decir acojonar. Todo esto disparaba balas redondas de plomo, cosa que no variaría hasta bien entrado el s.XIX.
Esta configuración fue la que dominó el campo de batalla hasta aparición del mosquete (otro distinto del anterior) con llave chispa y el cartucho de papel, ya previamente preparado para su uso. La cadencia de fuego se elevó hasta unos 3-4 disparos por minuto y ya desaparecen las picas pero han tenido que pasar 200 años, cosa que se dice pronto. El calibre se reduce a menos de una onza (17 o 18 bolas por libra de plomo) y el alcance aumento poquito. Con muchas suerte le das a una formación de soldados a 200 metros pero lo normal es que no sea preciso por encima de los 100 metros (preciso, lo que se dice preciso, no es lo que hoy entendemos como preciso. Por no tener, no tenía no miras) Una variante es el rifle, de ánima rayada mucho más preciso y más complicado de cargar. En USA se desarrolló el rifle de Kentucky que si es preciso a 300 metros, con un calibre más reducido (.50 o menor) Todo esto disparando bolas de plomo, pero la cosa iba a cambiar. A un francés con apellido de novia de ratón de la Disney se le ocurrió diseñar un proyectil de plomo blando, con forma ya de bala "modelna" con una estrías a los lados rellenas de grasa y con una parte trasera cóncava. Al expandirse los gases presionan esta parte trasera cóncava contra las paredes del cañón lo que aprovechaba más la fuerza de los mismos y hacía la bala saliera mucho más rápido y dado que no había que hacer cosas raras para cargar como los rifles anteriores, la cadencia de fuego era la misma con una alcance y precisión nunca visto hasta entonces. Apareció la bala Minié. Ya lo de tener formaciones de infantería soltándose descargas a 100 metros empezaba a ser peligroso de verdad. Ahora podías apuntar a un blanco a 200 metros ... y darle con relativa facilidad. Ahora tocaba agacharse y apuntar con más cuidado. Andamos por la mitad del s.XIX, por la Guerra de Crimea y la Guerra Civil Americana. Otra ventaja es que la bala se lleva parte de la suciedad del cañón lo que permite disparar más veces, las bolas de plomo de las armas previas estaban diseñadas para que hubiera cierta holgura entre el proyectil y el cañón, lo que se conocía como "viento" y estaba pensado para facilitar la carga del arma. Esto provocaba que la bola saliera "rebotando" contra las paredes del cañón con una trayectoria no especialmente precisa, cosa que si permite este tipo de bala.
Ya en la Guerra Civil Americana se les ocurrió meter dentro de un recipiente de latón el fulminante, el propelente y el proyectil. Si no me equivoco el primer arma reglamentaria para ese tipo de artucho fue el Spencer, no el Winchester como se piensa. De hecho, creo que el Winchester nunca fue reglamentario al menos en USA. A pesar de la mejora, se seguían usando balas muy pesadas, de calibre .45 o superior (11 mm) y casi una onza de peso. Otro tipo de armas como los fusiles Remington de un solo tiro usaban este tipo de munición.
Ya con la llegada de las armas de cerrojo la cosa cambia. Los alcances se disparan (literalmente) hasta el orden de los 1.000 metros (lo cierto es que nadie podía darle a nada a esa distancia, los francotiradores solían disparar a mucha menos distancia, entre 400 y 600 metros) se mejoran los cartuchos y con los fusiles Mauser pasamos de tener calibres de media pulgasa (.50" ó 12,7 mm y similares) a los 7,62, 7 e incluso menores como el 6,5 Arisaka. Los proyectiles pasan a ser mucho más ligeros, de los 28-30 gramos pasamos a los 9-11 gramos, matando lo mismo o más (la fórmula de la energía cinética es la mitad de la masa por velocidad al cuadrado ... y la velocidad del proyectil es mucho mayor)
Tras la SGM se vió que para las tropas normales una distancia de tiro de 400 metros era más que se sobra y se redujeron los cartuchos. USA introdujo el .223 para el M-16 cuyo proyectil pesa menos de 5 gramos. Con el tiempo la URSS desarrolló el 5,45 con un peso similar y a tenor de lo que pasa en el mundo, matan con la misma eficacia que sus hermanos de 50 gramos de hace 500 años, si no con más.
Obviamente existen miles de calibres y municiones (por ejemplo he obviado la munición de subfusiles y pistolas) y cientos de excepciones. Por ejemplo he dicho que los francotiradores disparaban a 400-600 metros y seguro que a todo el mundo le viene en mente tiradores que han hecho blanco a dos o más kms. Vale ,es cierto, pero son todos recientes y con equipos muy sofisticados, no tiradores la de IGM o de la SGM. Pero no era la idea de esta entrada. La idea original era mostrar cómo habían evolucionado los proyectiles de infantería desde las pelotas de plomo de dos onzas a los modernos proyectiles de 5 gramos.
Lo cierto es que no me esperaba que me saliera tanto rollo.
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Esta humareda la han montado cinco. Ahora imaginemos varios cientos disparando a la vez la que se podía montar. Fuente: propia. |
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Bala Minié. fuente: Wikipedia |
Ya en la Guerra Civil Americana se les ocurrió meter dentro de un recipiente de latón el fulminante, el propelente y el proyectil. Si no me equivoco el primer arma reglamentaria para ese tipo de artucho fue el Spencer, no el Winchester como se piensa. De hecho, creo que el Winchester nunca fue reglamentario al menos en USA. A pesar de la mejora, se seguían usando balas muy pesadas, de calibre .45 o superior (11 mm) y casi una onza de peso. Otro tipo de armas como los fusiles Remington de un solo tiro usaban este tipo de munición.
Ya con la llegada de las armas de cerrojo la cosa cambia. Los alcances se disparan (literalmente) hasta el orden de los 1.000 metros (lo cierto es que nadie podía darle a nada a esa distancia, los francotiradores solían disparar a mucha menos distancia, entre 400 y 600 metros) se mejoran los cartuchos y con los fusiles Mauser pasamos de tener calibres de media pulgasa (.50" ó 12,7 mm y similares) a los 7,62, 7 e incluso menores como el 6,5 Arisaka. Los proyectiles pasan a ser mucho más ligeros, de los 28-30 gramos pasamos a los 9-11 gramos, matando lo mismo o más (la fórmula de la energía cinética es la mitad de la masa por velocidad al cuadrado ... y la velocidad del proyectil es mucho mayor)
Tras la SGM se vió que para las tropas normales una distancia de tiro de 400 metros era más que se sobra y se redujeron los cartuchos. USA introdujo el .223 para el M-16 cuyo proyectil pesa menos de 5 gramos. Con el tiempo la URSS desarrolló el 5,45 con un peso similar y a tenor de lo que pasa en el mundo, matan con la misma eficacia que sus hermanos de 50 gramos de hace 500 años, si no con más.
Obviamente existen miles de calibres y municiones (por ejemplo he obviado la munición de subfusiles y pistolas) y cientos de excepciones. Por ejemplo he dicho que los francotiradores disparaban a 400-600 metros y seguro que a todo el mundo le viene en mente tiradores que han hecho blanco a dos o más kms. Vale ,es cierto, pero son todos recientes y con equipos muy sofisticados, no tiradores la de IGM o de la SGM. Pero no era la idea de esta entrada. La idea original era mostrar cómo habían evolucionado los proyectiles de infantería desde las pelotas de plomo de dos onzas a los modernos proyectiles de 5 gramos.
Lo cierto es que no me esperaba que me saliera tanto rollo.
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¿Ya has acabado? Me había quedado como ... traspuesta. |