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sábado, 20 de febrero de 2016

Tren de artillería de las guerras napoleónicas

Ya sé que últimamente escribo entre poco y nada pero en este caso, no voy a hacer promesa de escribir más pues porque seguramente no lo cumpla. Cuando tenga algo sobre lo que escribir lo haré y cuando no o no tenga ganas (que será lo más a menudo, pues no lo haré) Tampoco hay un clamor popular que lo pida así que puedo hacer como George R.R. Martin y tomarme mi tiempo aunque no creo que tarde tanto ni me salgan obras tan largas como las suyas.

El año pasado y aprovechando el aniversario de la Batalla de Waterloo dediqué una serie de artículos dedicados a la misma y el primero lo puedes encontrar aquí (son cinco) De aquella me se ocurrió buscar algún manual de la época y contar alguna cosilla al respecto de cómo se organizaba la cosa. Lo cierto es que me dió pereza, pero al final, lo he hecho. En este caso ha acudido al Tratado de Artillería para el uso de la academia de caballeros cadetes del real cuerpo de artillería escrito por Tomás de Morla de 1792 que combatió con aparentemente escaso éxito en la Guerra de la Independencia Española (Peninsular War para los pérfidos) No hace falta ir a ninguna biblioteca perdida para encontrarlo, en Google Books está disponible de manera gratuíta.

Bueno, vamos a lo que vamos, que me voy por los cerros de Úbeda.



Este libro viene en tres partes. La primera de ellas (casi 700 páginas) está dedicada a la pólvora, cómo se hace, tipos, etc a los cañones, cómo se funden (hierro y bronce) los afustes, puentes (de esos que se usan para cruzar ríos), mechas .... a lo mejor un día escribo algo al respecto. Si alguien quiere hacer un cañón de la época y le sobran tiempo y recursos ... le recuerdo que seguramente eso sea un delito, aparte de peligroso de narices.

La segunda de ellas (otro tocho similar) va del cuidado de las piezas en tiempo de paz (tiene cosillas interesantes como por ejemplo el ver los daños de un cañón por el uso, ver si tiene grietas, si los cañones de hierro tiene óxido, ...) Un detalle curioso (de Gila) si un cañón tiene el agujero (valeee, el ánima) deteriorado ... se le hace otro (vamos, amplías el anterior) y te vuelve a servir. Hay que tener en cuenta que en esta época no se tira nada, todo se aprovecha mientras sirva para algo. Yo he visto en museos etnográficos platos de cerámica rotos unidos con grapas por detrás para que pudieran servir ... y eran de bastantes décadas después.Más temas de esta parte son las armas ligeras y blancas. Hay cosillas interesantes sobre las que igual escribo.

El tercero habla de lo que me interesa: qué se lleva a la batalla, trenes de artillería, etc. Y voy con ello.

Aunque había 7 calibres para la artillería terrestre que iban desde las 4 a las 36 libras (proyectiles de menos de 2 kg hasta unos 16 kg) los cañones más pesados no se suelen utilizar en batallas siendo por lo general dedicados para asedios o defensas de plazas. De esta manera en la batalla se utilizarían sólo las piezas de 4, 6-8 y 12 libras, utilizando marginalmente unas pocas (una media docena de ellas) de 16 libras  ¿por qué el dejar sin utilizar tanta potencia de fuego? Pues por una cosa muy simple: el peso. Llevar piezas mayores de 12 libras por caminos embarrados a golpe de mula y riñón no era cosa baladí. Lo más seguro es que cuando llegaran estos cañones, la batalla ya hubiera acabado. Por ejemplo. En el libro parece que se recomienda que para un ejército de 100 batallones (unos 80.000 hombres así por encima) llevaría unos 150-250 cañones de todo tipo. Más sería un engorro logístico y menos quedaría corto de potencia de fuego. 

Si nos metemos en temas de cañones individuales, al parecer en una sola acción si se disparan los cañones más de 150 veces parece que hay un riesgo bastante alto de dañar la pieza. Habría que tener cuidado, refrigerarla bien .... Si el uso no llega a esos límites la duración del cañón es mucho mayor, pero claro, cuando te ataca la caballería o la infantería la cuestión es escupir fuego como un loco y claro ¿cómo de rápido es capaz de disparar un cañón del S.XVIII-XIX? Pues seguro que más de uno se queda de piedra al ver esto.



Pongo la captura porque cuesta creerlo .... ¡¡¡ 120 disparos en 15 minutos !!! ¡¡¡ 8 disparos por minuto !!! No olvidemos que a cada disparo hay que limpiar el ánima, refrescar (con agua) si es preciso, meter la carga de pólvora, meter el proyectil, perforar el cartucho, cebar el oído y darle fuego .... todo ello sin llevar por delante al que carga. Lo que llaman a todo tirar debe ser espectacular dado que no da tiempo a poner el cañón de nuevo en posición (o se hace cada cierto número de disparos) con lo que el retroceso te lo debe dejar bastante más atrás. Y no olvidemos que todo ese lío dura nada menos que 15 minutos. Disparando botes de metralla debe aniquilar a un batallón completo en menos de cinco minutos dado que son efectivos hasta unos 500 metros y un batallón debe tardar 6 minutos en recorrerlos lo que haría "receptores" de 30 disparos ¡¡¡ de un único cañón !!!

Curiosamente este cálculo a ojo que acabo de hacer, encaja con la dotación de munición recomendada para cañón: 120 balas de hierro, 30 de metralla gruesa y 50 de menuda (balas de fusil ens sacos) Vamos, que tiene en cuenta una posible llegada del enemigo.

Si tenemos en cuenta esto de los fusiles:


Lo de "bala correspondiente de 17 en libra" significa que de cada libra de plomo (unos 460 gramos) salen 17 balas para el fusil. Un cañón de 12 cargaría 12 libras de balas de fusil lo que significa que cada vez que dispara suelta por la boca más de 200 balas de fusil con la potencia de un cañón (como 5 veces superior a la del mosquete) y aunque muchas de vayan altas y otras se estrellen en el suelo seguramente de 80 a 100 encontrarán a la formación de infantes enemigos que hay delante.

¿Y cuanto material hay que llevar para alimentar toda esta máquina de guerra? Pues también nos lo dice: 1.288 quintales de pólvora. Estos quintales son de 4 arrobas lo que equivale a unos 46 kilos actuales, con lo que habría que llevar para la artillería, infantería y caballería 59 toneladas de pólvora. Un carro de la época no era un camión moderno. Podría llevar unos 200-300 kg lo que harían unos 300 carros cargando tan peligroso componente ... menos mal que por la época no se fumaba mucho.

Si hablamos de proyectiles, hay que llevar 1.530 quintales de plomo para munición de infantería (70 toneladas) Para la artillería es un poco más:


Si no me me he equivocado al sumar y omitiendo los obuses el peso total de toda la munición son 198.400 libras o lo que es lo mismo, 91 toneladas a sumar las 59 de pólvora y las 70 munición de infantería. 220 toneladas sólo de munición. Suma a todo esto otro tipo de impedimenta como tiendas de campaña, comida, utensilios médicos, etc y lo transportas todo en carros de bueyes, caballos, mulas o sea cual fuera el bicho que se usara y encima aliméntalos a todos. Con carros que lleven 300 kg ya me salen más de 300 carros para la munición tan sólo, con sus correspondientes carreteros y animales. No, la logística en las guerras napoleónicas no debía ser cosa trivial. En Waterloo había tres de este tamaño (por lo menos) 

Ya puestos ¿qué pesaba el equipo del infante? Pues ni idea, pero tengo algo del fusil:


El soldado de infantería llevaba un fusil de 9 libras de peso. Llevaba 60 balas de a 17 la libra, es decir, 3,5 libras de plomo encima. Los 60 disparos con media onza (8 adarmes)  de pólvora. Cada 16 onzas era una libra por lo que llevaba encima unas dos libras de pólvora (es un poco menos, pero sumo el peso del cartucho de papel) con lo que sólo el fusil y la munición pesaba 14,5 libras que eran 6,67 kg. La bayoneta de 45 cms de longitud debía añadir fácilmente otro kg de peso. Lo cierto es que no es un peso excesivo sólo con las armas en comparación con un infante actual que puede llevar 30 kg de peso (no sólo llevan armas)

Pues nada. Hasta la próxima.

Para ser mi primer texto me ha salido mejor que el brasas éste.




viernes, 9 de agosto de 2013

Disparando un cañón de las guerras napoleónicas (II)

En la entrada previa habíamos visto cómo se hacía el primer disparo de un cañón y dado que continúo con el rollo seguro que algún sagaz lector se habrá dado cuenta de que hay ciertas cosillas que hacer antes de volver a disparar de nuevo. A diferencia de en las películas, lo de pegar cañonazos es una cosa muy seria y por lo general, el artillero quiere sobrevivir al disparo. Antes de contar lo que hay que hacer vamos a echar un ojo al siguiente dibujo:
Diversos instrumentos de artillería.
Lo primero que vemos, con el numero 5 es un palo largo con dos cabezas. La parte de la izquierda es el atacador o rammer en inglés. Sirve para llevar los diversos elementos del disparo hasta el final de la recámara. Los atacadores se siguen utilizando en cañones modernos de retrocarga cuando por ejemplo, la carga de proyección y el proyectil no van unidos. Aunque los hay manuales suelen ser hidraúlicos. La parte de la derecha es la que nos interesa ahora. En inglés se llama la esponja aunque solía ser de lana de cordero o otros materiales similares. Quizás por eso en español se llama lanada Su utilidad, la veremos luego. El número 6 es otra lanada.
Debajo vemos con el número 7 otro artilugio con dos utilidades, aunque al igual que el anterior, podían ser dos. La parte izquierda se utiliza para medir la dosis de pólvora en caso de disponer de cartuchos preparados. Se metía hasta el fondo de la recámara, se le daba la vuelta y se vertía la carga. El lado derecho, aunque lo parezca, no se usaba para descorchar las botellas de sidra antes de la batalla. En inglés se llama worm (gusano) pero en castellano debe ser algo como sacabalas. Aparte del uso que comentaré más adelante también se usaba para descargar el arma si ya no se iba a disparar (con dos cojones)
En el número 8 se ven dos ejemplares de botafuego o lo que es lo mismo, un palo con una mecha lenta que se usa para darle candela a la pólvora. Para finalizar, vemos los punzones utilizados para perforar los cartuchos de pólvora (cuando se usan) a través del oído del arma.

Bueno, como decíamos antes, hemos dejado un cañón recién disparado y nos preparamos a largarle al prójimo que tenemos enfrente con una bayoneta dispuesta a guardarla en nuestras tripas una nueva descarga para sugerirle que igual atacar directamente una batería de artillería no es la mejor idea ¿cual es el siguiente paso? Previamente habíamos visto que lo primero que hacíamos era introducir una carga de proyección, pero claro, la pólvora negra tiene algunas propiedades curiosas como que su velocidad de deflagración no es muy alta. Eso permite cargar el cañón sin peligro de que reviente pero dentro del ánima pueden quedar pavesas ardiendo que podrían prender la nueva carga enviando al atacador junto con el artillero que lo maneja a tierra de nadie. Para evitar esto, con la lanada se debe limpiar muy bien el ánima, dejándola libre de pavesas y otras porquerías ardientes.

Voy a hacer aquí un inciso para comentar una cosa sobre el material de los cañones. Lo normal era que se hicieran de dos materiales: hierro o bronce. El hierro era más barato y se utilizaba sobre todo y curiosamente, en las piezas navales, mucho más pesadas. El bronce era más caro pero a cambio era más ligero y flexible. La utilidad de la ligereza se ve claramente al tener que mover las piezas por tierra pero la flexibilidad era una ventaja a la hora de disparar muchas veces sin que el arma se recalentara y explotara (la vida útil de un cañón eran unos 2-3.000 disparos) Los cañones navales españoles tenía una ventaja: avisaban mediante grietas antes de reventar. Pues dado que los cañones calentaban, de vez en cuando, hacia falta enfriarlos y el sistema era mojando la esponja y refrescando el ánima cada cierto número de disparos (depende del clima, la cadencia, ....) Para ello en la dotación de la pieza se incluían varios cubos.

Una vez limpia el ánima, se introducía el sacabalas y se extraía la parte inferior del saco que contenía la carga de proyección dado que no se había consumido y el arma ya está dispuesta para comenzar de nuevo la tarea de carga. Por supuesto, dado que no existe ningún mecanismo que amortigüe el retroceso del arma es preciso volver a poner el arma en posición y apuntar de nuevo. Todas estas tareas llevan su tiempo, con lo que el tiempo necesario entre dos disparos puede variar, según el calibre y el estado de los artilleros de uno a tres minutos fácilmente. Supongo que el cargar los cañones navales, mucho más grandes y pesados y en posiciones más angostas debía ser incluso más complicado, aunque seguramente las tripulaciones tuvieran un entrenamiento más exhaustivo por las cuenta que les tenía (vale, menos los españoles en Trafalgar con artilleros recién reclutados) Al parecer en un día "animado" un cañón podía disparar hasta 200 veces en un día lo que sale a unos 20 disparos la hora o lo que es lo mismo, uno cada tres minutos.

En otra entrada mencionaba la carga de la Brigada Ligera en Balaclava. La última andanada de los rusos se produjo sin limpiar los cañones, una situación muy peligrosa pero en este caso, se consideraba menos peligroso no limpiar el cañón que encontrarse con 600 animales a la carrera montados en otros tantos caballos con intenciones harto aviesas aunque equivocadas (el objetivo de la carga no debían ser los cañones de final del valle, si no los cañones turcos que habían capturado los rusos y se estaban llevando como trofeo en la derecha del valle)

jueves, 8 de agosto de 2013

Disparando un cañón de las guerras napoleónicas (I)

En el apartado anterior había hablado un poco de lo complicado que era mover un ejército en épocas pasadas, en especial la artillería. No es que hoy sea fácil sino todo lo contrario, pero por lo menos, hay máquinas y vehículos para ayudar, en lugar hacerlo casi todo por medio de la fuerza bruta (humana o animal) Lo cierto es que la mecanización no es tan reciente como pensamos. Ya en la Segunda Guerra Mundial se utilizaron cientos de miles de caballos para el transporte de tropas y materiales. Tan sólo los USA estaban completamente mecanizados aunque no movieron tanto gente como por ejemplo, alemanes o soviéticos.

En el apartado de hoy voy a intentar contar un poco lo que era el trabajo del artillero. Por algún motivo se necesitaba que los artilleros fueran personas fuertes. Los que voy a contar aplica principalmente a la artillería terrestre, pero es similar en la naval. Una excelente referencia de cómo funciona la artillería naval se puede encontrar en los libros de Patrick O'Brien.
Pieza naval capturada a un navío de la Pérfida Albión. Fuente: propia.


Pues el trabajo de los artilleros comienza transportando los cañones. Ya vimos que no era un trabajo trivial ya que un cañón podía llevar media docena de caballos y una docena de personas. Una vez decidido el emplazamiento de los mismo, se procede a desenganchar tanto el cañón como las municiones. Si hay suerte, el cañón se puede poner en posición, sino, hay que preparar la posición para el cañón y dado que la excavadora y el bulldozer no se habían inventado no quedaba más remedio que utilizar pico y pala. Si tenías suerte y elegías el lugar dónde combatir, te daba tiempo a proteger tu posición con trincheras, parapetos y otras construcciones de carácter defensivo. Si no te daba tiempo, pues nada, a pecho descubierto o como se pueda.

Una vez emplazados los cañones, se retira el carro con las municiones unos 20 pasos. Los cañones se separan unos metros unos de otros, para evitar que el fuego enemigo afecte a más de una pieza a la vez. Y a la espera de que empiece la batalla.

La munición a emplear puede ser de diversos tipos, aunque en el ejército,a  diferencia de la marina que tiene proyectiles más especializados, dispone de tres tipos de munición principalmente (no voy a meter los howitzer y morteros, me voy a quedar sólo con los cañones)
  • Bola de hierro. Es el proyectil que suele salir en las películas. Una bola de hierro capaz de llevarse por delante hombres, caballos, fortificaciones, etc. Disparado en diagonal contra una formación de infantería a la distancia correcta puede llevarse por delante a bastante gente. Es el proyectil con más alcance y más preciso (es útil hasta algo más de 1.000 metros, aunque en realidad puede llegar bastante más lejos)
  • Latas (o bolsas) de metralla (Cannister Shot). Pues se trata de eso, unos recipientes repletos de proyectiles de mosquete o similares que se expanden al salir del cañón con un efecto similar a los perdigones de una escopeta. Terroríficos contra la infantería, pero con un alcance aproximadamente la mitad que el anterior.
  • Racimos de proyectiles (grape-shot) similar al anterior, pero de mayor calibre y con un poco más de alcance. Se montaban en una estructura que recordaba un racimo de uvas.
También existen granadas para asedio, pero en esta caso, me centro en la artillería de campaña. La idea era utilizar los cañones con uso equivalente al que hoy en día tendrían las ametralladoras: barrer el campo de batalla para evitar el avance de la infantería o caballería. No conviene olvidar que por aquel entonces la infantería avanzaba en masas compactas intentando llegar al enfrentamiento a la bayoneta. Como el alcance útil de un mosquete eran menos de 100 metros, con lo que la artillería les batía desde al menos 10 veces esa distancia. Por fortuna para los infantes, la cadencia de fuego de la artillería y su precisión dejaban bastante que desear pero una serie de cañones bien colocados podía hacer mucho daño y frenar el avance de las tropas. Esta forma de combatir se mantuvo hasta la llegada de la ametralladora en la Primera Guerra Mundial, pese a la mejora de los fusiles que podían alcanzar fácilmente un blanco a más de 500 metros. Un campo de batalla cubierto por unas pocas ametralladoras con suficiente munición era un infierno.

Volviendo a las Guerras Napoleónicas, pues no encontramos a una formación de infantería avanzando todos elegantes, perfectamente alineados, con esos uniformes de "camuflaje" de color azul o rojo hacia nuestra batería. El jefe de la batería ordena cargar con balas de hierro dado que es lo más eficaz a distancia. Los artilleros corren hacia las municiones y traen la carga y el proyectil, dependiendo de lo que haya disponible, la cosa puede variar:
  • La carga de proyección: es un saquito de pólvora negra previamente pesado para asegurarse de que todos los tiros vayan al mismo sitio.
  • El taco: para interponerse entre la pólvora y el proyectil.
  • El proyectil. En este caso, una bola de hierro de un calibre inferior al del ánima.
Si la cosa va bien, la carga, el proyectil y el taco vienen sujetos por unas abrazaderas de latón lo que facilita la carga del proyectil y la velocidad de disparo, si la cosa no va tan bien, vienen por separado, y si la cosa está fatal, hay que medir la pólvora con una especie de cucharón y se vierte al final del cañón. El proceso es siempre el mismo, se introduce el componente por la boca y se ataca (empuja) hasta el final con el atacador (rammer) que es similar a una baqueta talla XXXL. Si el disparo está previamente preparado, la operación se hace una vez, si vienen suelto, se mete la carga de proyección y se empuja hasta el final, luego la estopa y se vuelve a atacar, luego el proyectil y por último, un nuevo taco. Ni que decir tiene que la cadencia de fuego con los disparos preparados previamente es mayor que si lo hacemos por partes. Tras ello, se introduce un punzón por el oído del arma para perforar la carga de proyección y se rellena de pólvora más fina que será la encargada de cebar la carga principal. Esta última carga era muy sensible a la lluvia o al viento. Por ejemplo, en los libros de Patrick O'Brien se describe que el artillero debe taparlo con la mano para evitar que se vuele.

En la imagen inferior, proveniente de la wikipedia aparecen numerados los siguientes componentes de un disparo:
  1. Cebo de la carga
  2. Carga de proyección
  3. Estopa (haciendo labor de taco)
  4. Proyectil (una bola de hierro en este caso)
  5. Estopa (sellando el proyectil para evitar que se pierdan los gases)
Corte un cañón cargado. Fuente: wikipedia
Una vez cargado el arma toca apuntar. Como siempre las armas se apuntan en una dirección determinada (azimut) y para cierto alcance (elevación) El alcance depende de la inclinación del cañón, a más inclinación hasta cierto ángulo, pues mayo alcance. Eso se hace variando la inclinación del tubo, bien por medio de una cuña o como por ejemplo, en la foto inferior, por medio de un tornillo. Por medio de una escuadra y una plomada era posible estimar el alcance. La dirección de tiro era más sencilla de ajustar: a base de músculo y de una serie de palancas se movía la pieza a izquierda y derecha.
Tornillo de reglaje del alcance. Fuente: propia
Una vez todo listo, solo quedaba aplicar un fuego a la carga de cebo para producir el disparo.Esto se podía hacer de diversas maneras aunque lo más común debía ser aplicar una mecha aunque otros cañones disponían de mecanismos de disparo al estilo de las pistolas.

Una vez producido el disparo ¿los siguientes son iguales? Pues no del todo, pero eso lo veremos el próximo día.

domingo, 16 de junio de 2013

Artillería napoleónica


El otro día estaba discutiendo hablando con un amigo que acaba de sacar un libro sobre los partes de Guerra de Wellington (ISBN 978-84-96186-86-9) en España, un subconjunto de todos los escritos por el británico a lo largo de su vida y que afecta a la guerra Peninsular, concretamente, a la zona de Salamanca, Castilla, ... . Previamente había sacado un libro de lectura un poco menos densa del que ya he hablado previamente. La cuestión es que yo le sugería para la tercera entrega escribir algo de cómo se hacían las cosas en la época. El tema de movilizar 40, 50.000 o más soldados no era una tarea sencilla y exigía un esfuerzo organizador más que considerable. De hecho, muchas veces, la guerra no la ganaba el mejor general sino el que mejor se organizaba. El llegar a la batalla con las más tropas, más descansadas, mejor equipadas y en el momento justo no es moco de pavo. Puede llamar la atención de Wellington haya puesto sitio a los franceses en Burgos y haya tenido que retirarse por no haber llevado artillería .... ¿cómo es eso posible? Pues voy a ver si explico algo lo que es la artillería a finales del s.XVII y principios del s.XIX.

Hoy en día los términos artillería de campaña, artillería de sitio, obuses, cañones, .... pierden un poco de sentido. Hoy en día los cañones son muy versátiles, pudiendo actuar en muchos roles. Además, el alcance se ha multiplicado por 10 (al menos) Un cañón moderno del 105 como el L118 puede actuar como cañón (tiro por debajo de 45º) como howitzer (por encima de 45º) ser remolcado, puesto en posición fija, disparar a más de 15 km y tirar una gran variedad de proyectiles. Pero esto hace 200 años, no era así ni mucho menos.

Hace 200 años, como ahora, los cañones más poderosos se montaban como siempre en los barcos aprovechando la movilidad de estos. Por motivos de distribución de pesos, los más pesados se ponían en los puentes inferiores, aligerando el calibre según se iba subiendo en el barco. En la cubierta más inferior se montaban las piezas de 36 o 24 libras que podían lanzar proyectiles de unos 14 o 12 kilos. A medida que se subían a las cubiertas superiores el calibre iba disminuyendo. Por ejemplo, el Santísima Trinidad montaba cañones de 36, 24, 12 y 8 libras. Desde una perspectiva moderna estos valores dicen poco, pero si decimos que un cañón de 36 libras puede llegar a pesar casi cuatro toneladas podemos pensar que el moverlo en tierra era ligeramente "complejo". Si nos ponemos en el periodo entre la toma de Badajoz y la Batalla de Salamanca (aquí conocida por los Arapiles) en que los ejércitos Anglo-Portugués-Español y Francés marcharon en paralelo a escasa distancia el andar arrastrando un cañón de 36 libras no debía ser lo más cómodo y eso que estamos hablando de las llanuras de Castilla. Debido a esto, vamos a ver la clasificación de la artillería.

Artillería de sitio y de guarnición.

Con la excepción de la naval, es la que dispone de mayores calibres, desde las 4 a las 24 libras o incluso mayores. Comprende cañones, morteros, obuses, .... Los morteros pueden llegar a las 15 pulgadas de calibre (estos me miden por el tamaño de la boca en lugar de por el peso del proyectil) No estñan pensados por lo general para ser móviles por lo que pueden tener cureñas como las de la foto de abajo que es un cañón naval, pero puede ser utilizado para guardar el puerto, si es preciso.

Cañón de 9 libras inglés capturado en Donosti. Fuente: propia
Aunque los cañones sean grande y pesados siempre se les puede mover con la ayuda de grúas y similares siempre que se cuenta con la ayuda de unos fuertes brazos y tiempo suficiente.

Artillería de campaña

Es la que se lleva a la batalla. Cuando leemos sobre las batallas de la época napoleónica es a la que se suelen referir aunque en esto hay excepciones. Si por ejemplo, un ejército se acerca a una ciudad controlada por el otro, es posible que pueda tirar de la artillería de plaza.

En el ejército francés la artillería de campaña era de 4, 8 y 12 libras tan solo en comparación con la mayor variedad de calibres de la artillería anterior ¿cual es el motivo? Pues por un lado, el simplificar un poco la cadena logística, no es lo mismo llevar municiones para tres calibres que para 8 y por otro lado, el peso. Un cañón de 24 libres pesa casi tres toneladas contando su afuste y solo el tubo mide  2,5 metros. El cañón de 12 libras pesa sólo 900 kg .... ¡ande vamos a parar! Aún así, para mover el bisho en cuestión eran necesaria media docena de caballos y 15 personas para servir la pieza. A todo eso, sumemos los carros para las municiones, equipos, .....   Por ejemplo, un cuerpo de artillería que acompañara a un ejército que constara de 200 cañones precisaría 440 carros y ¡2.840 caballos! y unos 2.000 hombres sólo para la artillería.

Artillería montada.

Artillería a caballo. fuente Wikipedia
Se trata de unidades hipomóviles diseñadas para llevar la artillería a dónde era necesaria en el curso de batalla. Las piezas excesivamente pesadas como las 24, 12 u 8 libras están directamente descartadas. Los normal era utilizar piezas de 6 libras ya que las de 4 eran demasiado ligeras (hablando de poder de fuego) Pensemos que la idea era batir una fortificación inesperada o rociar de metralla un cuadro de infantería
Cuadro de infatería. Fuente: wikipedia
para sugerirles que quizás emprender la huida fuera mejor idea. El cañón de 6 libras era una solución intermedia y bastante adecuada sobre todo teniendo en cuenta a las distancias en que se combatía en la época. Teniendo en cuenta que los mosquetes de la época eran muy imprecisos por encima de los 100 metros (ojo, que también había rifles, bastante más precisos) poder situar un cañón al triple de esa distancia y rociar a los infantes con metralla con suma eficacia era lo que deseaban todos los comandantes (vamos, lo que llevaban los cañones, porque a los de enfrente maldita la gracia que las haría) Gracias a estas unidades, el poder de fuego artillero se podía llevar al lugar que se necesitaba en un tiempo moderado y retirarlo fácilmente si las cosas se ponían feas, cosa que no sucedía con las piezas más pesadas. De hecho, la toma de cañones se consideraba como una victoria, por ejemplo, la famosa carga de la brigada ligera en Crimea, aparte de la cagada de "solo veo unos cañones" iba destinada a evitar que los rusos retiraran los cañones de las posiciones turcas claro que por un malentendido acabaron cargando contra los cañones rusos. Al final, ni pa tí ni pa mí (rusos y anglo franceses se adjudican la victoria), pero se en la tontería, se quedaron más de 400 muertos y 900 heridos en el campo entre unos y otro.

De esto podemos concluir que el ejercicio logístico de mover un ejército de la época napoleónica era una empresa arduo complicada. De hecho, desde los tiempos de Roma y de Anibal y con muy pocas excepciones, el tamaño de los ejércitos en campaña era de pocos miles, especialmente, lejos de sus bases. Tampoco se podía desplazar a todo el ejército el mismo día por la misma ruta, sencillamente, ni cabían, ni había forma de darles de comer. Por ejemplo, en el libro de Wellington que menciono antes se describe el movimiento de una división francesa entre Ciudad Rodrigo y Alcántara y se desplazan de brigada en brigada, una cada día. Además, las cosas que han de planear con tiempo habida cuenta del retraso de las comunicaciones (desde varias horas a varios días, dependiendo de la distancia)

Al final, resulta que lo que sale en las películas no se parece en mucho a la realidad, al menos, en las cosas mas mundanas.

Armaduras.

He de reconocer que últimamente no me estiro demasiado en el tema bloguero este. Tampoco voy a molestarme en hacer propósito de enmienda so...